LA SEGUNDA OLA DE COVID ME ENCUENTRA TRABAJANDO EL ESCUDO DE AQUILES EN PINTURA ABSTRACTA

Después de varios meses de calma, la segunda ola de coronavirus empezó a golpear súbita e implacablemente en la Argentina en el 2021. En lo que vamos de abril se triplicaron los contagios respecto al mes anterior y varios referentes del sector sanitario empezaron a advertir sobre un posible colapso del sistema de salud si el crecimiento exponencial del virus continuaba. Junto con los cuidados de distanciamiento y cuerentena es el momento ideal para abordar otra aventura dentro de mi colección "Teogonía Plástica del siglo XXI". Un viaje en las profundidades emocionales, adaptabilidad a estos difíciles tiempos, es otra manera de vivenciar el "Carpe Diem". Una iniciativa que surgió fuertemente luego de haber releído tan hermosa historia que nos muestra una vez más que toda organización tiene su propio sistema nervio invisible, hecho de contactos e influencias. La capacidad de interpretar la realidad simbólica fue vital para la los tiempos homéricos como para nuestro tiempo actual.       


En el canto XVIII de la Ilíada se describe el forjado de un escudo por parte del dios Hefesto para Aquiles a petición de su madre, Tetis. Los versos narran con detalle las escenas cívicas, agrarias y pastoriles cinceladas en el escudo, un microcosmos de la vida cotidiana pacífica en tiempos homéricos, unas escenas bélicas del sitio de una ciudad con una emboscada relacionada y unas escenas astronómicas. Se trata de una fuente de información valiosísima para reconstruir la vida cotidiana de la Grecia de tiempos homéricos e incluso anteriores. Podríamos decir que se trata de la representación de uno de los cuadro de costumbres más antiguos que se conocen.

En los primeros diez versos Homero nos describe el trabajo de Hefesto en su fragua, el trabajo de forjado del metal, una descripción que nos permite hacernos una idea acertada de cómo se realizaba este trabajo en la antigüedad. También nos menciona los metales utilizados para su elaboración: bronce, estaño, oro y plata. Metales, todos ellos, que se corresponderían más con la elaboración de un escudo de carácter ceremonial que con uno de uso militar pero lo que Homero pretendió fue dar una cierta magnificencia tanto al trabajo de Hefesto, como al destinatario del escudo, Aquiles.

Una vez concluida esta parte, inicia la descripción propiamente dicha del escudo, comenzando por los rasgos físicos de las cinco capas que lo componían (XVIII, 478):

    1. En la primera franja encontramos una pequeña descripción astronómica con la Tierra, el Sol, el cielo, la Luna llena y algunas estrellas y constelaciones, entre las cuales nos aporta especial información acerca de la Osa Mayor, de la que nos dice que nunca cambia de sitio, siempre está orientada hacia Orión y es visible durante todo el año (“es la única que deja de bañarse en el Océano”).
    2. En una segunda franja encontramos dos ciudades. En la primera describe diversas escenas que representan algunos momentos tipo de la vida pacífica en la ciudad. Primeramente describe bastante bien el cortejo nocturno que acompaña de la esposa (perteneciente a la aristocracia por la pomposidad del mismo) en el paso del oikos del padre al del marido durante el gamos (día principal del matrimonio) uno de los principales ritos de paso de la mujer en la Grecia antigua. En otra escena está representado un juicio por homicidio realizado en el ágora de la ciudad y al que asisten los ciudadanos (varones obviamente) en asamblea. Se realiza una buena descripción de un proceso judicial, con la participación de los implicados, la presentación de los testigos y los testimonios así como la importancia de los ancianos de la ciudad y de los heraldos en dicho proceso. Así se describen las bases de la vida en la polis, el entorno femenino, centrado en el matrimonio y la vida familiar y el entorno masculino, vinculado a la vida política y jurídica ciudadana. Ambos rasgos muestran un cierto desarrollo de la polis en el momento en que Homero redacta el texto, finales del siglo VIII ANE, el periodo arcaico, durante el cual se está formando en Grecia la polis. En la segunda ciudad, describe la otra cara de la vida en la ciudad, la guerra, a través de una serie de escenas. En la primera nos encontramos el sitio de una ciudad durante el cual se hace referencia a las rencillas surgidas entre los sitiadores por el modo de repartir las riquezas una vez hubieran tomado la ciudad. Ésta estaba defendida en la muralla por los ancianos, las mujeres y los niños ya que los hombres partían para preparar una emboscada, la cual es descrita en la segunda escena. Al frente de los hombres que salen de la ciudad se encuentra Ares y Atenea, las divinidades tutelares de la guerra, Ares ensalzando los rasgos más violentos y terroríficos de la guerra y Atenea, por su parte, la guerra justa y organizada, la guerra estratégica. Ambos dioses están representados con mayor majestuosidad y tamaño, rasgos propios del arte arcaico, con notables influencias orientalizantes. Los emboscados, se sitúan junto a un río y cerca de un abrevadero de ganado donde pretenden arrebatarle los rebaños de bueyes y ovejas a los sitiadores. Aquí interpola una referencia a la apacible y vivaracha vida pastoril. Los sitiadores se percatan y empieza una batalla que presenta unas características anteriores al combate hoplítico, otra importante revolución que se produce durante el periodo arcaico. Se trata de un combate similar al que podemos apreciar durante el resto de la Ilíada, representado por la participación de las divinidades Discordia y Tumulto. Un combate caótico y desorganizado en el cual se retiran los cadáveres del campo de batalla al tiempo que se lucha. Estas características, tras la implantación del combate hoplítico serán sustituidas por la organización, el combate en formación cerrada -la falange. Además, las lanzas utilizadas son de bronce, similares a las utilizadas en el resto de la Ilíada y pertenecientes a un periodo anterior a la redacción del texto por Homero, cuando ya está asentado en Grecia el trabajo del hierro, introducido, presumiblemente, por los dorios.
    3. En la tercera franja se nos describen escenas idílicas de la vida rural y el trabajo del campo en el mundo griego. En la primera de ellas, nos describe diferentes procesos agrícolas: el arado de la tierra, que nos aporta información interesante del trabajo campesino. En otro campo los jóvenes siegan la cosecha bajo la vigilancia del rey, seguramente el basileus propietario de las tierras que pertenecerían a su oikos, reconocible por el cetro, mientras unos heraldos preparan un banquete, recurso nuevamente introducido para idealizar un trabajo tan duro como éste. En otra escenas se aprecia una viña convenientemente delimitada y salvaguardada (para evitar el robos de los frutos) a la que se accedía por un solo camino por el que transcurrían jóvenes danzantes al son de un canto acompañado de una cítara. Nuevamente un recurso que idealiza otra durísima labor del campo, la vendimia. Cabe destacar como Homero idealiza las labores agrarias aderezándolas con elementos de ocio o diversión que reduzcan la dureza de las labores del campo, algo que no realizará en la siguiente franja, referente al mundo pastoril.
    4. En una cuarta franja se nos describen diferentes escenas relacionadas también con la vida rural, pero esta vez en su vertiente ganadera. En la primera de ellas, podemos ver una escena de pastoreo de ganado vacuno realizada por un grupo de cuatro pastores y nueve perros. Describe como dos leones han atacado el rebaño y matado al toro. Mientras lo devoran, los pastores intentan ahuyentarlos con varas y los perros, pero son incapaces de logarlo. Es una escena tipo, ya que hasta época romana aún habitaban leones en la Grecia continental y en Anatolia que solían atacar el ganado para alimentarse. En una segunda escena se nos describe un prado para el pasto de ovejas y las correspondientes edificaciones vinculadas a esta labor sin entrar en mayores detalles. Por último, describe ricamente una escena de baile (y los pasos del propio baile) en la que participan jóvenes de las familias principales o aristocráticas, probablemente los propietarios de los rebaños, presenciada por un gran grupo de gente, presumiblemente los pastores y el resto de la comunidad. Un aedo canta, recita y toca la cítara, probablemente hecho llamar o convocado para la ocasión. Es en este tipo de festejos, junto al simposio, en los cuales los aedos (tales como el propio Homero) desarrollaban su labor de recitado y cantado de los poemas o fragmentos de poemas épicos de memoria.
    5. En la orla del escudo está representado el Océano, envolviéndolo todo acorde a la concepción del cosmos que tenían los griegos según la cual el Océano rodeaba el mundo conocido.

Finalmente, en los últimos versos, Hefesto termina la coraza, el yelmo y las grebas para entregárselo todo a Tetis que rápidamente desciende del Olimpo para llevárselo a su hijo.




Comentarios