Cuando yo tenía 9 años, iba los fines de semana de Pompeya a Caballito a ayudar en el negocio de mi papá: un mercadito de Carne y Verduras en la esquina de Rawson y Lezica. En aquel entonces, eran dos zonas con configuraciones diferentes. Pompeya era un barrio bajo, más de laburantes. Caballito tenía edificios altos y casonas que llamaban mi atención como pibe. (1)
Enfrente del mercadito, en 1972, Antonio Berni se hizo su casa y su taller. Yo no sabía quién era. Para mí era don Antonio, el último de los clientes que entraba a la noche al local cuando ya cerrábamos, y se quedaba a charlar con mi padre.
A mi viejo todos le decían Pocho, pero también se llamaba Antonio. Coincidencias de la vida.
A Berni también lo veía cirujear por el barrio. Buscaba chapas, maderas y latas sin saber para qué lo hacía pero llamaba mi atención. Algunas veces le pedía a mi papá los cajones de madera donde venía la fruta. Y a mí me tocaba cruzar con la canasta y llevarle el pedido a su taller.
Lezica 4199 - CABA
Taller-Casa de Antonio Berni
Su esposa, Sunula, era la que me hacía pasar. Yo recorría el lugar. Tengo algunas imágenes que en el primer piso estaba lleno de cuadros, luego entendí que era la colección de toda su obra. En el segundo, había más herramientas de mano, creo que una prensa, entiendo que para crear los grabados. En el tercero trabajaba él, y ahí estaba armado como un gran departamento. Olor a pintura y aguaras, gente pintando, junto algunos cuadros enormes colgados.
Fue un destello increíble. Varias veces llevé los pedidos hasta allí porque era tan solo cruzar la calle. De esquina a esquina. A la vez, me mostraba un mundo totalmente desconocido. Otra vida era posible.
Lezica 4201 - CABA
"Mercadito Carmencita"
De grande comprendí. Algunas de las obras que estaban allí eran de la serie Juanito Laguna (2) hecho con esas chapas, maderas y latas que lo vi cirujear. Ese chico con los pies en el barro, con la mirada grande. Ese chico durmiendo sobre un cajon de manzanas. Y me di cuenta: yo conocí a muchos Juanitos. En Pompeya, en la calle, en el laburo. Los había en el 72, los hay ahora en la Argentina.
Berni pintó a Juanito para que no nos olvidemos de ellos. Yo no pinto a Juanito. Pinto lo que sentía ese chico que yo era cuando cruzaba la calle con la canasta: el miedo, el orgullo, el temblor de estar vivo y de venir de lejos. Y además pinto la resiliencia, la transformación. Lo que pasa cuando no te quedas en el barro. Cuando cruzas.
Esta tarde quiero agradecerle a don Antonio Berni. Por su lucha. Por construir la SAAP junto a otros valientes en tiempos oscuros, para que hoy todos podamos mostrar lo que nos pasa acá, en esta sede histórica del microcentro. Esa posta que nos dejó a las nuevas generaciones.
Ahora agradecerle a Berni es también agradecerle a mi viejo. A Pocho. A don Antonio. Y a Sunula, que me dejó entrar. Porque los tres, cada uno a su manera, me enseñaron lo mismo sin saberlo: que el arte, como la vida, es estar cerca de la gente cuando dialogas sin tiempo. Es cruzar la calle. Es dar los cajones que te piden. Es abrir la puerta.
Nix Ruo
En su Atelier de Camargo 1020 - CABA
Berni dijo una vez: -“El verdadero artista y el verdadero arte de un pueblo es aquel que abre nuevos caminos, impulsados por las cambiantes condiciones objetivas”.
Mis condiciones objetivas cambiaron. Ya no soy ese chico que iba desde Pompeya a Caballito con la canasta en la década del setenta. Soy este hombre de 63 años, con el alma cargada de pintura y de memoria. Mi manera de abrir un camino es esta: no pintar cómodo. Mostrar la búsqueda, lo que me duele, lo que me tiembla, lo que no sé resolver, lo que me trasciende.
Por eso pinto. Porque cuando se me acaban las palabras encuentro que los colores hablan mejor.
Gracias, Pocho. Gracias, don Antonio. Gracias, Sunula. Gracias, SAAP.
Nota del Editor:
(1) Alocución de Nix Ruo, en la inauguración de su Exposición Individual "TEOGONIA PLASTICA" en la sede de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP) en abril del año 2026.
(2) "Juanito Laguna surge en el Gran Buenos Aires, cuando comencé a hacer una serie de apuntes en los barrios pobres y al ver ese conjunto de chicos y sentí que todavía yo no lo había personalizado lo suficiente", contó Berni a los periodistas. Y agregó: "Pero si bien es un arquetipo del Gran Buenos Aires podría ser un arquetipo de todos los chicos de la ciudad de Latinoamérica: es un chico pobre, pero no un pobre chico; no es un vencido por las circunstancias, sino un ser lleno de vida y de esperanzas y que supera su miseria circunstancial porque intuye vivir en un mundo cargado de porvenir".



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