HISTORIA DE INFANCIA DE NIX RUO CON ANTONIO BERNI

Gracias por estar acá.

Cuando yo tenía 9 años, iba los fines de semana de Pompeya a Caballito a ayudar en el negocio de mi papá: un mercadito de Carne y Verduras en Rawson y Lezica. Dos configuraciones diferentes. Pompeya era un barrio bajo, más de laburantes. Caballito tenía edificios altos y casonas que llamaban mi atención.
Antonio Berni
(Rosario, Prov. de Santa Fe, 1905 - 
Buenos Aires, 1981)
Enfrente del mercadito, en 1972, Antonio Berni se hizo su casa y su taller. Yo no sabía quién era. Para mí era don Antonio, el último de los clientes que entraba al local cuando ya cerrábamos, y se quedaba a charlar con mi padre. 

A mi viejo todos le decían Pocho, pero también se llamaba Antonio. Coincidencias de la vida.

A Berni lo veía cirujear por el barrio. Buscaba chapas, maderas y latas sin saber para qué. Algunas veces le pedía a mi papá los cajones de madera donde venía la fruta. Y a mí me tocaba cruzar con la canasta y llevarle el pedido a don Antonio Berni.
Lezica 4199 - CABA
Taller-Casa de Antonio Berni
Su esposa, Sunula, era la que me hacía pasar. Yo recorría el lugar: en el primer piso estaba la colección de toda su obra. En el segundo, los grabados. En el tercero trabajaba él, y ahí estaba armado como un gran departamento. Olor a pintura, gente pintando, cuadros enormes colgados.

De grande comprendí. Vi a Juanito Laguna hecho con esas chapas, maderas y latas que lo vi cirujear. Ese chico con los pies en el barro, con la mirada grande. Y me di cuenta: yo conocí a muchos Juanitos. En Pompeya, en la calle, en el laburo. Los había en el 72, los hay ahora en la Argentina.
"Juanito dormido" (1974) de Antonio Berni: 
collage de aceite, madera, papel maché, estopa de algodón, 
latas rotas, chatarra, plástico, grapas y clavos sobre madera contrachapada
Berni pintó a Juanito para que no nos olvidemos de ellos. Yo no pinto a Juanito. Pinto lo que sentía ese chico que yo era cuando cruzaba la calle con la canasta: el miedo, el orgullo, el temblor de estar vivo y de venir de lejos. Y además pinto la resiliencia, la transformación. Lo que pasa cuando no te quedás en el barro. Cuando cruzás.

Esta tarde quiero agradecerle a don Antonio Berni. Por su lucha. Por construir la SAAP junto a otros valientes en tiempos oscuros, para que hoy todos podamos mostrar lo que nos pasa acá, en esta sede del microcentro. Esa posta que nos dejó.

Y agradecerle a Berni es también agradecerle a mi viejo. A Pocho. A don Antonio. Y a Sunula, que me dejó entrar. Porque los tres, cada uno a su manera, me enseñaron lo mismo sin saberlo: que el arte, como la vida, es estar cerca de la gente. Es cruzar la calle. Es dar los cajones que te piden. Es abrir la puerta.

Berni dijo una vez: _“El verdadero artista y el verdadero arte de un pueblo es aquel que abre nuevos caminos, impulsados por las cambiantes condiciones objetivas”_.

Mis condiciones objetivas cambiaron. Ya no soy ese chico que venía de Pompeya a Caballito con la canasta en el 72. Soy este hombre de 63 años, con el alma cargada de pintura y de memoria. Mi manera de abrir un camino es esta: no pintar cómodo. Mostrar lo que me duele, lo que me tiembla, lo que no sé resolver.

Por eso pinto. Porque cuando se me acaban las palabras encuentro que los colores hablan mejor.

Gracias, Pocho. Gracias, don Antonio. Gracias, Sunula. Gracias, SAAP.


Nota del Editor: 

"Juanito Laguna surge en el Gran Buenos Aires, cuando comencé a hacer una serie de apuntes en los barrios pobres y al ver ese conjunto de chicos y sentí que todavía yo no lo había personalizado lo suficiente", contó Berni una vez. Y agregó: "Pero si bien es un arquetipo del Gran Buenos Aires podría ser un arquetipo de todos los chicos de la ciudad de Latinoamérica: es un chico pobre, pero no un pobre chico; no es un vencido por las circunstancias, sino un ser lleno de vida y de esperanzas y que supera su miseria circunstancial porque intuye vivir en un mundo cargado de porvenir".




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